lunes, 30 de abril de 2012


LA  SANTIDAD

PORQUE ESCRITO ESTA: SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO
1 Pedro 1:16
SANTIDAD, SANTO:
El significado de estas palabras es separación para servir y vivir para Dios. La verdadera Santidad caracteriza los actos externos; pero más todavía, el móvil o la intención del corazón. Es un principio interior, no meramente rectitud o benevolencia, o alguna otra excelencia moral, sino la armoniosa y perfecta combinación de todos.
Santo, en el sentido ordinario 
cristiano es aquél que manifiesta en su conducta la pureza interior, la benevolencia y consagración a su Salvador, que hacen rebosar su corazón.
SANTO es un individuo separado del mundo para el servicio de Dios: Éxodo 19:6; 22:31; Deuteronomio 33:2, 3, 8; Salmos 50:5; 106:16; Daniel 7:21; Hechos 9:13, 32, 41.
Nada es más común en los escritos de San Pablo que el nombre “santos” dado a todos los 
cristianos: Romanos 8:27; 1 Corintios 14:33; Efesios 1:1; Filipenses 1:1, Apocalipsis 8:3, 4.
EL PROPOSITO DE LA SANTIDAD
Hebreos 12:14
¿POR QUE VIVIR UNA VIDA SANTA? “…Porque sin la Santidad nadie verá a Dios”, Dios es Santo y El quiere que todo aquél que tiene esa esperanza de verle cara a cara, se purifique. 1 Juan 3:2-3.
Los astronautas antes de entrar en órbita pasaron por un proceso de limpieza. Fue necesario estar libres de toda contaminación, sin ningún germen que pudiera contaminar la vida en el espacio, si es que la encontraban. De igual manera ahora nosotros para llegar ante la presencia de aquél que es perfecto en santidad, es indispensable que estemos limpios. 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5; Apocalipsis 21:8; 22:15; Levítico 18:22; Colosenses 3:5-9.
Hemos sido llamados a ser un pueblo santo y gente santa. Levítico 11:44; 19:2; 20:7, 26; Éxodo 19:6; Deuteronomio 7:6; 14:2; Isaías 62:12; 1 Pedro 2:9-10.
SANTIDAD VERDADERA
LA SANTIDAD VERDADERA INCLUYE TODA NUESTRA VIDA CRISTIANA EN TODO TIEMPO Y EN TODO LUGAR. LA SANTIDAD NO SOLAMENTE SE APLICA A UNA PARTE DE NUESTRO SER, SINO INCLUYE TAMBIEN NUESTRO HOMBRE INTERIOR Y EXTERIOR AL MISMO TIEMPO, LOS CUALES NO SE DEBEN DESMEMBRAR, SI EN VERDAD HEMOS DE LOGRAR UNA SANTIDAD VERDADERA.
2 Corintios 7:1: “Así que, amados, pues tenemos tales promesas, LIMPIEMONOS de TODA INMUNDICIA de CARNE y de ESPIRITU, perfeccionando la santificación en el temor de Dios.”
El Señor Jesucristo tuvo que reprender a los escribas y fariseos por su hipocresía; estaban presentando una forma falsa de santidad…exteriormente.
“Antes, todas sus obras las hacen para ser mirados de los hombres.” Mateo 23:5
“…porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estas llenos de robo y de injusticia. Mateo 23:25.
“Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio.” Mateo 23:26.
¿QUE DETERMINA NUESTRA SANTIDAD?
Nuestro Señor Jesucristo enseñó que la condición espiritual de nuestro corazón determina nuestra santidad.
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.” Mateo 12:34-35.
¿Cuáles son estas cosas que proceden del corazón que contaminan al hombre? Mateo 15:12-20; Marcos 7:18-23.

jueves, 12 de abril de 2012

Devocional



Es Dios quien nos seduce con su incomparable amor, y nosotros respondemos a él.
Versículo: 1 Juan 4:10
Con frecuencia me he encontrado con cristianos frustrados. Ellos están procurando por todos los medios tener algún encuentro con Dios. Exclaman con desilusión: «¡Yo le busco y trato de agradarlo en todo, pero él no me contesta! Es como si estuviera ausente.»
La frustración de estas personas es real. Pero no tiene que ver con la falta de respuesta en el Padre, sino de un concepto errado que se ha hecho fuerte entre nosotros. Y es que muchos de nosotros tenemos un Dios que es más parecido a nosotros que al Dios que describe la Biblia. Es un Dios que es selectivo en escoger con quien se relacionará. A unos pocos, les favorece con extraordinarias experiencias y los visita con su favor. El resto de nosotros parecemos tener alguna característica que nos descalifica para llegar a esto.
Su interés en estar cerca de cada uno supera al de nosotros, en participar de nuestra vida y en bendecirnos con lo que ha preparado para sus hijos.
El resultado es que pasamos gran parte de nuestro tiempo tratando de modificar nuestras vidas para que él se fije en nosotros. En esta versión de la vida espiritual, Dios es distante e indiferente con nosotros. Debemos encontrar la manera de convencerlo que se fije en nosotros, de que le dé un poco de importancia a lo que nos está aconteciendo. De alguna manera necesitamos seducirlo para que también a nosotros nos ame.
Nuestro Padre, sin embargo, no es un padre caprichoso como lo pudieron ser algunos de nuestros padres terrenales. Su interés en estar cerca de cada uno supera al de nosotros, en participar de nuestra vida y en bendecirnos con lo que ha preparado para sus hijos. No necesita que nadie lo convenza para hacer esto, porque quien ha tomado la iniciativa para buscarnos es él. «Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes, y los designé para que vayan y den mucho fruto» (Jn 15.16)
¿Qué demanda de nosotros este cambio de óptica? Que nos relajemos un poco y dejemos que él nos ame. Cuando hayan cesado nuestros esfuerzos desesperados por alcanzarlo, comenzaremos a darnos cuenta de que ya hemos sido alcanzados por su amor, y que de mil maneras diferentes cada día nos hace notar que él nos busca con amor eterno.
Dios no puede ser conquistado por la fuerza. ¡Debemos ser como niños, y dejarle a él que nos seduzca a nosotros con su incomparable amor!
Para pensar:
El autor Thomas Kelly, que escribió una pequeña gema llamada Un Testamento de devoción, nos hace notar: «En esta época humanística, suponemos que el hombre es el que inicia y Dios el que responde. Pero el Cristo viviente en nosotros es el que inicia y nosotros somos los que respondemos. Dios el amante, el seductor, el que revela la luz y las tinieblas es el que invita. Y toda nuestra aparente iniciativa no es más que respuesta, un testimonio a su presencia y obra secreta dentro de nosotros.»
Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional.

miércoles, 11 de abril de 2012

Devocional


¡Hosanna!


Las más apasionadas expresiones de devoción solamente tienen valor cuando están respaldadas por una vida de entrega.

Versículo: Marcos 11:1-11
Los que iban delante y los que venían detrás gritaban, diciendo: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!»(Marcos 11.1-11)
Que nuestro mejor sacrificio, entonces, sea el que ofrecemos día a día en nuestro caminar con el Mesías.
En la entrada triunfal de Cristo vemos con mayor claridad el principio que acompañó la totalidad de su vida pública. Su ministerio no fue el resultado de los impulsos de un momento, de las buenas sugerencias de sus discípulos ni de las presiones constantes de las multitudes a su alrededor. Jesús, demostrando una sujeción radical, no hacía nada sino por indicación de su Padre Celestial (Jn 5.19). Por esto, la llegada a Jerusalén se conforma al plan establecido desde tiempos inmemoriales y anunciado por una diversidad de profetas a lo largo de la tumultuosa historia del pueblo judío.
En otras ocasiones Jesús dio instrucciones escuetas a sus discípulos, generando así oportunidades preciosas para que se ejercitaran en la fe. En esta instancia, sin embargo, les da directivas precisas acerca del pollino que debían buscar, aún anticipándose con una posible respuesta si alguien les exigiera explicaciones durante la ejecución del pedido. Qué precioso observar que los discípulos siguieron al pie de la letra las palabras que habían recibido, aun cuando es probable que no entendieran la razón de aquellaextraña misión. No obstante, cumplieron con lo encomendado, la prueba más concreta de nuestra devoción hacia aquel que hemos llamado Señor.
El hecho de que Cristo entrara en Jerusalén montado sobre un pollino nunca antes utilizado para trabajos domésticos estaba cargado de un rico simbolismo para los judíos. Las instrucciones de la ley (Nm 19.2, Dt 21.3 ) claramente asignaban un rol santo a aquellas animales jóvenes que no habían sido aún domesticados. Del mismo modo David dio instrucciones para que los bueyes que tiraban el carro que devolvía a Israel el arca fueran bestias nunca antes empleadas para este trabajo.
Del mismo modo la entrada de Cristo, al final de su peregrinaje terrenal, no es la simple conclusión de un viaje, sino el cumplimiento de una misiónsagrada de la cual se desprende todo lo demás que dijo e hizo durante su paso por la tierra.
«Muchos tendieron sus mantos en el camino, y otros tendieron ramas que habían cortado de los campos» (v. 8), mientras entonaban estrofas de los salmos que tradicionalmente acompañaban el final de la peregrinación a la ciudad santa. Es evidente, por la forma en que el pueblo acompañó su entrada, que muchos percibían algo de la autoridad divina en la persona de Cristo. Este recibimiento constituye una forma muy visible de honrar a quienes ocupaban un lugar de supremacía en el pueblo. Al tender sobre el piso sus mantos ellos revelaban su deseo de someterse a quien pasaba delante de ellos.
No obstante la devoción del pueblo, es difícil ver esta escena sin recordar las palabras de Cristo, pronunciadas al principio de su ministerio. En otra ocasión, Jesús escogió «no confiar de ellos, porque conocía a todos y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues el sabía lo que había en el hombre» (Jn 2.24-25). Las más apasionadas expresiones de devoción solamente tienen valor cuando están respaldadas por una vida de entrega. Que nuestro mejor sacrificio, entonces, sea el que ofrecemos día a día en nuestro caminar con el Mesías.
Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional.